martes, 29 de septiembre de 2009

Breve ensayo sobre la Arquitectura

¿Qué es Arquitectura?, se podría decir que es un arte, una forma de saber mostrar lo que sentimos, imaginamos o deseamos.

"Habitar es la expresión de la precisa relación del ser humano con el mundo"
Merleau Ponty.

Cuando se habla del vivir inseparablemente se hace referencia al habitar e indiscutiblemente se piensa en una espacio habitable para ello. Estos dos últimos conceptos, habitar y espacio habitable, son temas recurrentes en la discusión del entorno habitable construido desde diferentes disciplinas, pero siempre en competencia a la arquitectura, cuyo origen deviene del deseo de la materialización de objetos habitables para el hombre; sin embargo, estas aportaciones desde diferentes campos de conocimiento suelen ser fragmentarias y poco vinculadas entre sí, lo que no ha permitido acercarse a la respuesta del cómo se relacionan ambos conceptos, cómo el habitar puede determinar y ser expresado en el objeto habitable (urbano y arquitectónico), y cuál es la importancia de ello. Esta la preocupación central del presente ensayo, que pretende aproximarse, desde el campo de la humanidades y de la teoría de la arquitectura, a una posible identificación de la importancia de la relación de ambos conceptos, habitar y objeto habitable, para (adelantándome) el bien vivir, en una concepción integral del hombre.

El habitar, cuyo nombre deriva de la palabra hábito (costumbre o manera de obrar), se expresa a través de todo tipo de actos: prosaicos, poéticos, superficiales, profundos, liberales o serviles, etc. Así, estas maneras de obrar no son tan solo una secuencia más o menos ordenada del actuar, sino más bien son la sustancia del habitar.

El hábito de habitar implica a todos los sentidos, de ahí que se pueda decir que se habita amando, trabajando, estudiando, conversando, durmiendo, etc.; luego entonces, el espacio habitado puede ser identificado, utilizado e imaginado como el escenario de la conducta y acción social e individual del hombre. Así, el habitar crea hábitos, que se expresan en actos y la suma de éstos constituye un principio de la habitación: habitar es habituarse, y habituarse implica permanencia y cierta repetición. A partir de ello se plantea que es entonces el hábito, y no la habitación, la primera secuencia del propósito de habitar.

Hasta aquí surge una pregunta: ¿qué es lo que da sustancia a los hábitos?

"Lo que un pueblo hace con respecto a sus dioses debe ser siempre la clave, tal vez la más segura, para saber lo que piensa"

Ernest Cassirer

Se plantea que ésta es una respuesta que se encuentra en el pensamiento mítico del hombre.

Reconocerse dentro de un territorio, como habitante del mismo, donde a su vez habitamos con los nuestros, es un factor de identificación y de pertenencia, es decir de identidad. Así, el habitar (expresado a través de actos costumbre) territoriza al espacio, el vivir en lo califica,

y ambos lo dotan de significado para que sea algo más que un conjunto coherente de sitios; ello hace que cuando se constituye una comunidad territorial, sus habitantes integren una sociedad y la sostengan con sus formas de organización y producción de deseos, necesidades y satisfactores. En los modos de vida se encuentran las bases que definen el entorno construido (urbano y arquitectónico), donde el habitante genera soportes que le permiten identificarse en medio de múltiples acontecimientos y símbolos.

En tanto que se ha planteado que "…el lugar es la manifestación concreta del habitar humano, donde la identidad del hombre depende de su pertenencia a un lugar." (Norberg-Schulz ); son los lugares, los sitios donde se asocian rasgos con usos y con usuarios, fines y experiencias pasadas que les permiten adquirir identidad y reconocimiento como parte de un territorio. Ambos, territorio y lugar, más que percibidos son construidos por el individuo y por prácticas y creencias que son de naturaleza social, ello da origen al entorno habitable construido, conformado por lo urbano y lo arquitectónico, que a su vez expresan el habitar.

"Al habitar llegamos, así parece, solamente por medio del construir". Recordamos esta frase de Martín Heidegger, con la que inicia su ensayo sobre el "Construir, habitar y pensar"; donde plantea que el construir tiene al habitar como meta (yo diría que el construir tiene su origen en el habitar). Si consideramos, como lo plantea Heidegger, que el habitar y el construir están en una relación de fin a medio, entonces ello sugiere que sea el habitar lo que sustente al construir (con la intención de cuidar, de mirar por el crecimiento), con lo que volveríamos al planteamiento de las manifestaciones de los modos de habitar de cada entidad social, sus expectativas y su expresión física concreta: lo construido. Sin embargo, él hace una aportación general respecto a lo que todo ser humano trata de expresar y conseguir en el habitar a través del construir: estar satisfecho, llevado a la paz, permanecer en ella, es decir, preservado de daño y amenaza; todo ello lleva en última instancia a la Cuaternidad (unidad donde convergen la tierra, el cielo, los divinos y los mortales), donde los mortales habitan en la medida en que cuidan de dicha Cuaternidad y la llevan a la esencia de las cosas. Construir es al mismo tiempo el habitar. Ésta, finalmente, es otra manera de abordar la complejidad que el habitar representa, distinguiéndola del edificar y considerando siempre al construir como el habitar mismo). Sin embargo, vayamos ahora a otra interpretación, de lo que el hecho de construir el entorno habitable implica cuando se considera habitar y construir por separado.

La arquitectura tiene un carácter eminentemente propositivo, capaz de responder a las formas de vida (a los hábitos que se desarrollarán) que le dan origen y superar las expectativas previstas, dotándole de nuevas formas habitables que no se contraponen a las formas en como se ha venido dando el habitar, por el contrario las pueden revitalizar, en un proceso histórico de la generación de la forma.

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